28 julio, 2017

ABRIENDO CAMINOS

Qwerty

Itziar Mínguez Arnáiz

La Isla de Siltolá, Sevilla, 2017
73 pp.

La búsqueda de ese punto intangible en el que el decir poético se ajusta a los modos conversacionales, a las inflexiones y ritmos del habla coloquial, ha ocupado a infinidad de poetas a lo largo de los siglos y parece una aspiración irrenunciable, así como un objetivo que cada generación debe lograr por sus propios medios, porque la meta que se persigue, por su propia naturaleza, varía con los años y responde a un ideal distinto en cada época: la naturalidad a la que aspiraban Garcilaso o Fray Luis no es la misma que buscaba Manuel Machado, ni la que pretendían los poemas monologales de Jaime Gil de Biedma, o la que intentaban los poetas que empezaron a publicar a mediados de los 80 del pasado siglo. 


Más joven que estos últimos, la poeta vasca Itziar Mínguez Arnáiz (Barakaldo, 1972) acusa claramente la influencia de su paisano Karmelo C. Iribarren, que ya en los tiempos de la llamada "poesía de la experiencia" se distinguió de la mayoría de sus coetáneos por el cultivo de una poesía que prescindía de los moldes métricos tradicionales y lograba gran parte de su efecto mediante un sabio uso de las pausas, reticencias e inflexiones del habla coloquial. Tal es el sistema en el que se basan los lacónicos poemas de Itziar Mínguez: breves enunciados, a veces de no más de cuatro o cinco versos, pautados según las inflexiones del habla y dirigidos a captar la temperatura anímica de un momento o una situación particulares. Lo que distingue, no obstante, a la poeta de Barakaldo de su paisano es la clara apuesta de la primera por referirse casi en exclusiva, no a la condición escéptica y desengañada del hombre urbano en general, sino a la propia intimidad, presentada desde una deliberada levedad de sentimiento y una elegante convicción de que la escritura poética -asunto al que se refieren  buena parte de los versos reunidos en este librito significativamente titulado Qwerty, como la secuencia de las cinco primeras letras del teclado de un ordenador- es un excelente correlato de la vida. El trasvase de una a otra esfera es frecuente en la poesía de Mínguez Arnáiz; véase, por ejemplo, "Amor a primera vista": "Ni miradas / ni seducción / ni preliminares // con el poema / siempre es igual // aquí te pillo / aquí te mato". Hay que decir que estos poemas suelen mostrarse más eficaces cuando se leen en secuencia -el propio libro puede entenderse como una unidad hecha de sucesivas iluminaciones, ocurrencias, pseudodefiniciones, a veces incluso formulaciones cercanas al aforismo-, cuando se capta, no el simple destello atenuado en que se resuelve cada uno de ellos, sino el tono general, la reticencia que anima el conjunto, y la evidencia de que ese calculado laconismo, aparentemente bienhumorado, es un modo de sortear una soterrada melancolía, que es también parte esencial de la tonalidad de estos versos. No extraña, por lo dicho, que el último y quizá el más extenso de los poemas incluidos en este libro fantasee sobre la posibilidad del suicidio: "te desnudas / y te metes en el agua con suma delicadeza // no imaginas mejor cobijo para tu cansancio / ni mejor momento para tu adiós (...) // y antes de cerrar los ojos / aún tienes tiempo de ver / en un intento desesperado de manifestarse / el que podría haber sido / tu último poema". 


Existe el peligro, por supuesto, de que esta deliberada ligereza se aproxime en ocasiones a la nimiedad; pero no hay apuesta estética que no implique la asunción de riesgos. En Qwerty Itziar Mínguez roza a veces peligrosamente el límite entre lo ligero y lo banal, pero también da muestras suficientes de que la apuesta merece la pena. En su modo de seguir los postulados de su reconocido maestro, la poeta de Barakaldo avanza con pie firme por un camino que quizá se consideraba de un solo uso. Todo hace pensar que es ya también el suyo.


J.M.B.A.
Reseña exclusiva de La Ronda del Libro

11 julio, 2017

UN BRILLANTE ESTRENO LITERARIO

Juntemos las tribus 
(Título original: Gathering the Tribes).
Carolyn Forché,
Traducción de Claribel Alegría y Lillian Levy.
Visor, Madrid, 2017.
136 pp.


Sin duda pocos poetas han tenido un estreno tan brillante como el que supuso la publicación en 1976 de Gathering the Tribes. Con este primer libro, Carolyn Forché (Detroit, Michigan, 1950) no sólo se presentaba como una firme promesa, sino que se revelaba como una poeta original, bien asentada en su tradición y capaz de construir sobre estos sólidos inicios una obra sólida y coherente, como así ha sucedido. Merece celebrarse, por ello, que una editorial española se haya decidido a publicar la traducción de este libro y que ésta haya corrido a cargo de Claribel Alegría y Lilian Levy. En traducción la colaboración suele dar siempre buenos resultados; y, en el caso que nos ocupa, cabe atribuir a la poeta nicaragüense una clara voluntad de re-crear, más que de calcar, la tensión poética que destila el decir poético de la norteamericana. Aún así, siempre cabe lamentar que, en el trasvase de una lengua a otra se produzca una inevitable pérdida: la precisión de la poeta de Michigan, su increíble sentido de la economía, su modo de pintar sensaciones y narrar acciones mediante certeras pinceladas que lo mismo combinan la exactitud descriptiva con un eficaz uso de la imagen poética, no siempre encuentran su exacta traslación al castellano; y ello es especialmente palpable en la secuencia de poemas eróticos que cierra el libro, en los que Forché acierta a combinar la sutileza y la franqueza para transmitir una sensualidad que poco tiene que ver con los clichés al uso: véase, por ejemplo, su modo de sugerir una masturbación femenina en el extraordinario poema en prosa "This is their fault" ("Esto es culpa de ellos"), en la que la traductora vierte, un tanto desvaídamente: "Me da trabajo dormir, sabiendo que debo ocultar lo que estoy haciendo, sin saber lo que es", mientras el sentido del original ("I work myself to sleep..") más bien indica que es el esfuerzo sexual en cuestión lo que rinde a la protagonista al sueño.


Estas pequeñas sombras apenas alcanzan a empañar, no obstante, la sorpresa y el gozo que deparan la lectura de este libro. Ya en su primera parte, en efecto, Forché nos sorprende con su distanciada manera, en absoluto sentimental, de referirse a sus antecedentes familiares. Desde un cierto feminismo no programático, sino dictado por una alta conciencia de la verdad humana y poética, la autora se refiere casi exclusivamente a sus ancestros femeninos, en los que ve una imagen anticipada de la decrepitud por venir ("Estoy harta de engordar como tú"), pero también el vehículo por el que toma conciencia de las terribles conmociones históricas que forzaron a estos familiares a emigrar a América desde su nativa Eslovaquia. En poemas como "The morning baking" ("La hornada matutina"), la autora se refiere a su abuela alternando expresiones de reconocimiento y ternura con otras de cierto reproche, aunque el procedimiento redunda finalmente en una cierta idealización de un tipo de mujer ancestral, ruda y fuerte, conocedora instintiva de las realidades de la feminidad en una época, recuérdese, ajena todavía a la posterior toma de conciencia feminista. No ha de extrañar que, en esta primera sección del libro, la autora incluya también algún poema paisajístico -"Early night" ("Atardecer") o "Barley Fields" ("Campos de cebada")-: paisaje humano y paisaje físico se unen para crear una misma impresión de conjunto: la idea de origen, inevitablemente unida a la conciencia de quién se es y al compromiso con la memoria heredada.

Esta atención al tipo humano inmediato y a su entorno abren la puerta a los poemas de la segunda sección, todos ellos ambientados en las estancias de la autora en diversas regiones del suroeste de los Estados Unidos y su convivencia con los pueblos indígenas de la zona. El paisajismo se depura: "Blue Mesa", por ejemplo, describe en apenas ocho deliciosos versos un entorno singular -un embalse devenido centro de recreo para pescadores de caña- mediante una certera cascada de imágenes. Desde una óptica similar, "Las Truchas" describe un asentamiento nativo de Nuevo México convertido, por su proximidad a la carretera, en puesto de venta de recuerdos para turistas. Estos gráficos poemas de viajero enmarcan otros referidos a los tipos humanos que habitan esos lugares, vistos desde la misma perspectiva individualizadora y antisentimental que la autora había aplicado previamente a sus propios ancestros. Llama la atención que la sección se cierre con un breve poema sobre la muerte, "Plain song" ("Canción del llano" -habría sido mejor traducir "Canto llano"-) que recuerda en su andadura al célebre "Y yo me iré..." de nuestro Juan Ramón: "Cuando suceda, deja que vengan los pájaros...". La poeta parece querer establecer un paralelismo entre sus despedidas de viajera y el adiós definitivo.

De nuevo, la excelente construcción del libro va creando las condiciones para que el lector avance con la autora en una especie de itinerario hacia el autoconocimiento que, como avanzábamos al principio, culmina en la serie de poemas eróticos que constituyen la tercera sección del libro. Ya hemos mencionado uno de los mejores, "Esto es culpa de ellos", en el que una ama de casa agobiada de duro trabajo en un entorno campesino fantasea sobre su rutina y se deja llevar hacia la rememoración de un primer amor y su iniciación sexual. Llama la atención que del enamorado, un tal Joey, se diga que "se marchó a un monasterio, en Canadá, para cumplir un voto". El detalle enlaza con las alusiones que otros poemas hacen al tema del amante ausente bajo idénticas circunstancias: en uno de ellos, "Taproot" ("Raíz madre"), se llega a incluir un fragmento de una carta presuntamente escrita por ese amante desde el monasterio, en la que menciona a un monje al que ha visto "apresar los senos de la virgen / labrada en madera", en lo que parece sugerir una cierta continuidad epistolar de la intimidad erótica creada previamente. También un poema de la sección anterior, el titulado "Mountain abbey, surrounded by elk horns" ("El monasterio de la montaña, rodeado por astas de alces") hacía mención anticipada del escenario del retiro de ese amante; lo que resulta en que a lo largo del libro se va articulando una soterrada historia de amor. Otros poemas eróticos, no obstante, se desvinculan abiertamente de esas circunstancias: el bellísimo y muy explícito "Year at Mudstraw" ("Año en Mudstraw"), que recrea un rudo idilio campesino ("La sopa casi lista, mis pechos / gotean por el vapor de la olla. / Desliza por mi cuello la barba de un día. / Me abro la ropa para sus manos"); o el titulado "Kalaloch", que describe también muy gráficamente un episodio lésbico ("Me abrió las pantorrillas / con las manos, apartó mis  talones. / Una boca de mujer / no es diferente..."). De nuevo, la precisa descripción del entorno y la perfecta caracterización de los personajes juegan un papel fundamental en la eficacia del poema. Más genérico, en cambio, es el titulado "Taking off my clothes" ("Desnudándome"), una sorprendente reconsideración de los roles sexuales: "Vengo hacia ti de noche y me da lástima / malgastar mis estremecimientos íntimos / contra el muro de un hombre". 

Quienes conocen a Carolyn Forché por su poesía posterior, decantada hacia el compromiso político, aunque siempre desde la reivindicación de la necesidad de que el poema sea, además de transmisor de un posible mensaje, un vehículo para la expresión personal, pueden sentirse sorprendidos por el intimismo que aparentemente domina este primer poemario. Pero ya hemos visto como esa exploración de la propia intimidad se muestra siempre también como una consideración del entorno inmediato y quienes lo habitan. En este logrado equilibrio entre expresión íntima y evocación de la realidad circundante reside el mayor acierto de este brillante estreno.       


JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA

03 mayo, 2015

UNA HISTORIA TRISTE

Marga. 

Edición de Juan Ramón Jiménez. 
Prólogo de Carmen Hernández-Pinzón 
y semblanza de Marga Gil-Roësset 
a cargo de Marga Clark. 
Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2015. 
103 pp. + láminas y reproducciones.

Juan Ramón, que lo guardaba todo, hizo lo propio con los papeles que quedaron de una de los episodios más amargos de su vida. Una muchacha joven y valiosa, prometedora escultora y dibujante, se suicidó por él. Por amor, como suele decirse, aunque posiblemente nuestra moderna tendencia a emitir un diagnóstico donde antes solamente se asentía a la omnipotencia de los sentimientos encontraría hoy otros términos acaso menos gratos para calificar ese trágico gesto. 

En la edición que la Fundación José Manuel Lara ha hecho de estos papeles juanramonianos no se ha dado cabida, por fortuna, a ningún forense. Han terciado discretamente familiares de uno y otro lado y se ha dejado la voz a los protagonistas de la historia, que no son otros que la infortunada muchacha, Marga Gil Roësset, el poeta Juan Ramón Jiménez y su mujer, Zenobia Camprubí. (Leer más en CaoCultura

03 abril, 2015

POESÍA DE URGENCIA

Los signos del derrumbe.
Antonio Rodríguez Jiménez. 
XVIII Premio Internacional de Poesía “Antonio Machado en Baeza”. 
Hiperión, Madrid, 2014.

Reseña de José Manuel Benítez Ariza

El devastador panorama de la actual crisis económica y social; la dificultad, y quizá la insuficiencia, de la poesía; la intimidad compartida con los seres queridos: en torno a estas tres cuestiones se organiza este poemario, y a estas tres cuestiones va dedicada, respectivamente, cada una de las partes que lo componen. Podrían ser tres libros, o quizá tres cuadernos, nítidamente diferenciados; pero hay una reconocible unidad de tono entre las partes, hay un apego sostenido a los modos de la poesía discursiva y arraigada en la tradición; y hay, sobre todo, una sola mirada, que se diversifica al proyectarse sobre las realidades disímiles de la vida social, literaria y afectiva, pero que descubre en cada uno de ellas, en su precaria condición de realidad amenazada, lo que merece la pena preservar. 

“Cada hora”, dice un verso de la primera parte, es “un triunfo de la supervivencia”. Más precarios son los logros de la poesía: “las tenaces preguntas de la vida, / la amenaza terrible de la nada” permanecen irresueltas incluso cuando el personaje mundano en el que puede llegar a convertirse el poeta se vanagloria del éxito. Y es quizá en el ámbito de la intimidad donde este curioso contraste entre la mera supervivencia de los perdedores y las vanidades de la literatura alcanzan a fundirse en el frágil compromiso que supone la aceptación de los dones de la vida: “Con la amenaza cierta de otro tiempo / peor, que hará pedazos / esta frágil quietud, esta apariencia / de paz, me entrego al día / y a su celebración, / agradeciéndolo”.

Es éste un libro construido con el rigor de un memorándum. Se agradece el gesto, porque ahorra idas y venidas y ofrece un mapa muy claro de cuáles son los intereses del autor –nacido en 1978 en Albacete, y a quien por tanto no hay que confundir con el poeta del mismo nombre y apellidos nacido en Córdoba en 1959–. Obedece también, entendemos, a un mandato de urgencia: no caben más ceremonias de confusión en un mundo en ruinas en el que “alguien está limpiando los despojos / de la fiesta anterior” y “un agua turbia / se precipita por el sumidero / de lo que nunca fue, / la espuma de los mitos”. Hace apenas unos lustros era palpable la sensación de que la poesía, como la sociedad, estaba en fiesta permanente. Hoy toca apagar las luces.

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27 marzo, 2015

LA TRASTIENDA DEL MAGO



Felipe Benítez Reyes, la literatura como caleidoscopio.
José Jurado Morales (ed.), 
Madrid, Visor, 2014

Reseña de Ángel Mendoza

“A los veintipocos años ya era un maestro considerado como tal por los mayores y admirado por los más jóvenes”, así empieza el escritor Juan Bonilla su aportación a Felipe Benítez Reyes, la literatura como caleidoscopio, volumen recopilatorio sobre la obra del poeta de Rota; necesario y oportuno estudio debido, en buena parte, al trabajo meticuloso de José Jurado Morales, profesor de la Universidad de Cádiz e impulsor de una cada vez más reconocida labor investigadora en torno a la literatura contemporánea. He dicho "poeta" como podría haber tecleado cualquier otro atributo del oficio de escribir para referirme a un autor a quien, no en vano, otro grande de su quinta, Carlos Marzal, llama en estas páginas “polígamo literario”, pues Benítez Reyes es, además, cuentista de éxito, solvente novelista y firmante de un vasto tesoro de pequeñas producciones que alguna vez Ha arracimado en obras como Gente del siglo o la más reciente Política y polichinela.  No es Marzal el único compañero de generación, y de viaje, que desfila por aquí, sino que también le rinden admiración Álvaro Salvador o Luis García Montero, y poetas más jóvenes como Andrés Neuman o Luis Bagué. 

Junto a ellos se dan cita colaboraciones de corte más académico entre las que caben destacar la de Inmaculada Moreno, sobre la noche en la poesía primera del autor de Los vanos mundos, y la de Marina Bianchi titulada “La trayectoria de Felipe Benítez Reyes: entre la experiencia, la elegía y algo más”. De su producción en prosa se ocupan, entre otros, la prestigiosa profesora Ana Sofía Pérez Bustamante y el propio hacedor de este título, José Jurado Morales. Pero siendo valiosas, rigurosas y enriquecedoras todas estas calas en la obra del gaditano, lo más interesante está al principio y lo dice el propio homenajeado en tres ensayos escritos entre finales de los ochenta y mediados de la década pasada que funcionan a modo de poética o mapa para todo aquel que quiera internarse en la trastienda de este mago, mundo éste no ajeno a su imaginario metafórico. Sobre la consideración del poema como artefacto misterioso deja pistas muy claras; aunque, eso sí, alejándose de la idea arrebatada y esotérica –caricaturescamente romántica- de la construcción de ese artefacto. “El efecto mágico es producto de la aplicación de un conocimiento técnico, no de un albur inexplicable, aunque la efectividad de la magia consista en presentarlo como tal albur inexplicable, como una dislocación asombrosa de la realidad”, leemos, por ejemplo. Crea su propia terminología, su propio equipaje analítico: “instinto estético”, “invisibilidad retórica” o “voluntad indagatoria” y da, desde la teoría, una lección no menos valiosa que la que lleva más de treinta años dando en la práctica. 

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20 marzo, 2015

APASIONADA

Para vos nací. Un mes con Teresa de Jesús 

Espido Freire. 
Ariel, 
Barcelona, 2015. 


Reseña de José Manuel Benítez Ariza

En el quinto centenario del nacimiento de Teresa de Cepeda, su figura sigue siendo objeto de controversia. Frente al reconocimiento, digamos, oficial del que goza como miembro del panteón de los santos de la Iglesia Católica y escritora que encarnó como nadie la nueva espiritualidad emanada de la Contrarreforma, no dejan de surgir interpretaciones que reivindican su carácter y obra como ejemplos de una soterrada heterodoxia y expresión de una personalidad profundamente discrepante con el espíritu de su tiempo. Casi se diría que, en el estado actual de la cuestión, la elección de una u otra interpretación casi depende más de los gustos del lector que de la terca realidad de los hechos. Por ello, quizá, un primer mérito que cabe atribuir a Para vos nací, el personal ensayo que Espido Freire ha escrito en torno a los datos contrastados sobre la Santa que otros biógrafos más sistemáticos han puesto en sus manos, es su huida de todo sensacionalismo. No es que la autora rehúya las cuestiones más espinosas en torno a la naturaleza del misticismo de Santa Teresa, su psicología o su actitud ante las instituciones de su tiempo: lo que hace, más bien, es abordar las opiniones preexistentes desde un aplastante sentido común. No encontrará el lector, por ello, afirmaciones chocantes o escandalosas en torno a cuestiones como, por ejemplo, la naturaleza sexual de los éxtasis teresianos: en el capítulo dedicado explícitamente a “Teresa y el erotismo” la autora acusa su hartazgo de las interpretaciones más ramplonas al respecto, pero reivindica al mismo tiempo el carácter “apasionado” de su biografiada, a la vez que se muestra convencida de que una mentalidad tan arraigada en los valores de su tiempo difícilmente se hubiera atrevido a manejar la simbología presuntamente erótica de algunas de sus visiones si no la hubiera percibido como desligada de cualquier alusión al placer sexual.

Con idéntico sentido común se refiere la autora a otros aspectos de la vida y obra de la Santa, apoyándose en la cercanía emocional que aporta una cierta identificación de partida entre una mujer sensible de hace quinientos años y una escritora de hoy. La táctica, desde luego, supone algún riesgo. ¿Tiene algún fundamento afirmar, por ejemplo, que el actual pontífice, Francisco, es “un papa que encantaría a Teresa, si lo conociera”? Lo mismo cabe decir de otras afirmaciones referentes a la actitud de Teresa hacia la escritura, o  sobre su evidente conciencia de la postergación de la mujer. Pero cuando el valor añadido de una biografía no reside en sus aportaciones documentales, sino en el intento de acercar al biografiado a la sensibilidad contemporánea, el riesgo bien puede merecer la pena. En esa complicada tesitura se mueve este ensayo.


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27 febrero, 2015

ELOGIO DEL POETA JOVEN

Fuego cruzado.

Xaime Martínez
Ediciones Hiperión, 
Madrid, 2014.

Reseña de Mª Antonia Collado Luengo. 


Este libro, ganador de un prestigioso certamen de "poesía joven", parece de verdad escrito por un poeta joven. En poesía, ya se sabe, la edad de los autores y la que aparentan sus textos no siempre van a la par. Los libros más atormentados, más abrumados de experiencias sombrías, más desengañados, son los escritos por menores de veinticinco años. En los poetas de la posguerra, pongamos, esa amargura precoz era comprensible. Quizá se entiende menos en los que iniciaron su andadura en los despreocupados años ochenta; a no ser, claro, que la frecuentación de bares y discotecas y las posteriores resacas tengan algo que ver. 

Xaime Martínez nació cuando la mayoría de esos poetas habían publicado ya sus libros más significativos. Pertenece, por tanto, a una época menos dada a la autocelebración, y en la que el adjetivo "joven" aplicado a un escritor significa simplemente que el aludido disfruta de la envidiable destreza técnica aparejada a la juventud y de una cierta disposición a traslucir influencias. En Xaime Martínez se aprecian ambos rasgos: tiene buen oído, maneja con soltura los recursos del lenguaje –véase esta paronomasia: "Tiré si tuve tiro y tirité / si amor me quiso títere en su juego"– y ha elegido bien sus maestros: Víctor Botas o Luis Alberto de Cuenca, por citar sólo dos. Del primero le viene la habilidad para servirse irónicamente de la tradición; del otro, su uso lúdico de las mitologías contemporáneas (el cómic, el cine, la ciencia-ficción). 

No es que el desengaño esté del todo ausente de este libro: en "Predicciones", por ejemplo, se lamenta la inevitable pérdida de la juventud, aunque sin prescindir del todo de la ironía: "va a pasarlas canutas el olvido", dice el poeta, con el tono de desafío de quien nos reta a que le quitemos lo bailao. 

Esta ironía se acentúa en el sabio empleo que el joven poeta hace de los recursos de sus predecesores. Véase este epígrafe de poema, que recuerda los largos enunciados de los que se vale José María Álvarez para titular los suyos: "Bob Dylan predice, en 1962, un día no tan lejano en el festival de folk de Newport"; y que da pie a un breve madrigal amoroso en el que difícilmente encontraremos, salvo por vía de contraste irónico, la justificación de semejante título. Lo que no significa que en ese y otros poemas falte la emoción genuina, que aflorará también en algunos de los rotundos epigramas que salpican la segunda parte del libro, alguno de ellos claramente inspirado en los de Botas, como el titulado "Petronio", o “El camino”, un memorable poema de sabor arábigo-andaluz que hubiera merecido figurar en Las crónicas de Al-Ándalus de Fernando Quiñones.

Y ya que hablo del llorado poeta gaditano: con su proverbial generosidad hacia los talentos emergentes, habría aplaudido este libro. Yo no hago sino seguir su sabio ejemplo. 


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