25 abril, 2014

DE LA RESIGNACIÓN A LA ESPERANZA

La luz de hoy
Ángel Mendoza.
Libros Canto y Cuento,
Jerez de la Frontera, 2014.

La primera vez que oí hablar de Ángel Mendoza fue a finales de los años 90, en casa de José Mateos. Él me estaba comentando algunas propuestas para mejorar unos poemas que yo le había llevado, cuando sonó el teléfono. Pepe atendió la llamada mientras yo le echaba un vistazo distraídamente a su biblioteca. Al acabar, me dijo: "Era Ángel Mendoza, ¿lo conoces?, un poeta joven de El Puerto que va a sacar un libro estupendo". Se refería a Pequeñas posesiones, el primer poemario de Ángel, que vio la luz meses más tarde en la Editorial Renacimiento.

El volumen mereció una reseña del crítico y poeta José Luis García Martín, en su famosa columna del suplemento cultural de El Mundo. En el texto, García Martín alababa primero las cualidades poéticas de Ángel: su musicalidad, su sentido del ritmo, su cuidada retórica y sus resonancias, para terminar diciendo: “A Mendoza, que muestra modos de verdadero poeta, se le puede exigir -sin condescendientes benevolencias- ese algo más”, refiriéndose a ese algo más que siempre tiene, o debe tener, un poeta verdadero.

Desde entonces, Ángel ha publicado los poemarios Cercanías (2002), Horario de invierno (2006) y Pájaros negros (2010); el volumen para niños Fiesta de canciones (2007) y la colección de relatos Huellas de elefante (2009). La luz de hoy es, por tanto, su quinto libro de poemas. Lo que pone de manifiesto un ritmo creativo pausado, pero constante: “Sin aceleración y sin descanso”, dijo Goethe.

No sé si Ángel tomó nota en su momento del comentario de García Martín, el exigente y certero crítico asturiano. Lo cierto es que, libro tras libro, ha ido madurando una voz personal y un mundo propio que lo distinguen como un poeta de mirada verdadera. Pájaros negros, en torno a la enfermedad de su padre, y Horario de invierno, que recoge las emociones y experiencias generadas a partir del nacimiento de su hija, son buenos ejemplos de cómo Ángel ha sabido trasladar a las palabras todo lo que la vida le ha puesto por delante.

La luz de hoy  sigue ahondando en ese principio poético que establece una relación inefable entre poesía y vida, pero los poemas no nacen de una experiencia concreta como en los libros anteriores. En los cinco años transcurridos desde la publicación de Pájaros negros, cada poema ha ido surgiendo sin una fuente creativa precisa, de la propia necesidad de escribirlos, para calmar una sed, para conjurar sus fantasmas o para celebrar una esperanza.

El título y la cita de Alberti, "Hoy estamos a hoy", anuncian la prevalencia de un tono vitalista y esperanzador. No han desaparecido las sombras que  oscurecen algunos de sus poemas, ya que en todo lo bello hay luz y oscuridad, pero se advierten ligeros matices de un alumbramiento en su mirada y en su concepción del tiempo, que ahora se presenta como un personalísimo "carpe diem pasado por el filtro de una serena madurez”.

En palabras del propio autor, La luz de hoy “traza un arco que va de la resignación a la esperanza”. El poema que abre el libro, titulado "De otro tiempo", es un buen ejemplo de ello. Arranca con una larga enumeración de experiencias dolorosas, engarzadas anafóricamente bajo la pauta del adverbio temporal “cuando”:

Cuando arrastrabas mudo tus pies sobre años ciegos,
cuando llegabas tarde sin saber que eras tú.
Cuando hubieses matado ( y hoy te asusta escribirlo)
cualquier mirada sobre tu dolor…

La acumulación de imágenes y recuerdos dolorosos continúa hasta que, de repente, Ángel rompe la estrofa, suaviza su mirada y se ilumina el mundo. El poema cambia el tono sombrío por otro más amable y luminoso, como si un rayo de esperanza alumbrara de improviso el alma del poeta. Y dice que, incluso en medio de ese dolor,

siempre hubo un fogonazo de música, recuérdalo,
al que atarse muy fuerte, con el que resistir.
El eco de sonidos de voces que curaban,
imágenes bañadas de palabras con luz.

Así destaca el valor sagrado de la poesía, y su poder de salvación.

Luego, al ir pasando páginas, poema tras poema, aparecen desarrolladas las cualidades poéticas de Ángel, algunas de las cuales ya se vislumbraban en su primer libro: su retentiva y su musicalidad, que es donde parece reflejarse con mayor nitidez la huella de su paisano Rafael Alberti; la sencillez expresiva con que decanta sus pensamientos más profundos, en la línea de otros dos grandes retentivos, Antonio Machado y Bécquer; su expresión cuidada y sugerente; el latido, la emoción… No puedo destacar ningún ejemplo, porque están en todos los poemas.

Pero estas habilidades creativas y de oficio estaban ya presentes en las anteriores entregas de Ángel Mendoza. Es ese cambio de matiz en su punto de vista, en la asunción del dolor vivido y en su manera de enfocar el tiempo presente, lo que convierte La luz de hoy en un libro de plena madurez. Parece que Ángel Mendoza no se conforma ya con la contemplación pura del mundo, ni siquiera con intentar poner un poco de orden interior ante el caos que nos rodea. Con este nuevo libro, nos muestra una senda poética que usa el poder de transformación de la palabra para mejorar la realidad. Se trata de convertir el dolor en belleza, la oscuridad en luz y el desaliento en esperanza. Me imagino que por ahí van los tiros cuando Ángel habla, no sin cierto sarcasmo, de “transformar lo patético en poético”.

No digo más. Si acaso advertir al lector que, como ocurre con todos los buenos libros de poesía, estamos ante uno que mejora con cada lectura.

Reseña de RICARDO RODRÍGUEZ,
exclusiva para LA RONDA DEL LIBRO

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