08 enero, 2015

TREMENDO

CINCUENTA POEMAS.
Antología personal (1989-2014).
José Luis Piquero.

La Isla de Siltolá, Sevilla, 2014.

Reseña de Mª Antonia Collado Luengo.

Sólo he visto a José Luis Piquero en persona una vez: en una lectura suya en un pueblo de Huelva. Seríamos... diez o doce, puede que alguno más, y por eso quizá me atreví a decir algo en el turno de preguntas. No recuerdo qué pregunté: alguna de esas cosas generales y obvias que los lectores de poesía decimos a veces en estas ocasiones, más por llenar el silencio o premiar al esforzado poeta que por oírle articular una respuesta exacta a una pregunta concreta. Dudo que la mía lo fuera. Pero lo que sí recuerdo es que la persona que me respondió hizo lo posible por demostrar un interés genuino hacia quien lo interpelaba, y por establecer, en unas condiciones decididamente artificiales, una comunicación cordial. Me hubiera gustado conversar con él más despacio, pero luego me alegré de no hacerlo: le hubiera hablado, como a otros poetas, de mi trabajo como maestra de adultos, de mis tentativas de animarles a la lectura y hacerles apreciar la poesía. Podría haberle dicho que su poema "Mensaje a los adolescentes", que leí en una ocasión con unos chicos de más de dieciséis años que intentaban sacarse el graduado, provocó en ellos alguna que otra risita nerviosa, seguida de algún elocuente gesto de asentimiento... No hubo ocasión: yo tenía prisa y él seguramente también. Pero una cosa me quedó clara: este José Luis Piquero que tenía delante, que se había mostrado tan atento y cordial, y en el que incluso me pareció advertir la soterrada coquetería de quien quiere ganarse el afecto de sus interlocutores, no se parece mucho al tremendo personaje que delinean sus poemas.

Lo que no es decir mucho, la verdad: tampoco Dante debía de parecerse demasiado al sujeto impasible que, en su poema, paseaba un mismo semblante ecuánime por el Infierno, el Purgatorio y el Cielo; ni el adusto Tom Eliot debía de tener mucho en común (¿o sí?) con los humanoides alienados que pueblan su Tierra baldía. Un poeta no es un mero artífice de piezas retóricas más o menos logradas. Un poeta es, ante todo, el inventor de un tono, de una voz; y esa voz presupone a un personaje. La constatación de estas evidencias es obra de la Modernidad; pero quizá han estado operando sobre la conciencia de los poetas desde que éstos empezaron a verse a sí mismos como autores de obra que aportaba un matiz diferencial al legado común de cantos e historias que constituye la memoria literaria colectiva.

¿Y cómo es, en el caso de Piquero, su personaje? Estos Cincuenta poemas, escogidos entre la totalidad de su obra, son bastante elocuentes al respecto. Empecemos por los últimos y hasta ahora inéditos: en "Dummy", por ejemplo -y ruego se me disculpe el posible spoiler- habla un maniquí diseñado para recibir golpes mortales en los accidentes simulados con los que los ingenieros testan los nuevos modelos de coches. En algo nos aventaja el muñeco: tiene el don de la insensibilidad, aunque también está dotado de cierta capacidad de empatía hacia sus correlatos mortales, los pobres seres que, después de haber sobrevivido a un accidente, interpelan en vano al resto de los viajeros y reciben como respuesta un elocuente silencio. ¿Cabe imaginarse un punto de vista más aterrador sobre la fragilidad humana, sobre nuestra proclividad al error, sobre el devastador efecto de nuestras culpas sobre quienes, tanto real como metafóricamente, viajan con nosotros?

Juicios parecidos sobre sus semejantes encontramos en otros tantos monólogos puestos en boca de Caín -Piquero, por cierto, es autor de una traducción del célebre poema de Byron sobre este personaje bíblico-, de Don Juan, del Cíclope homérico al que Ulises dejó ciego, incluso de un Elvis inopinadamente reconocido por un admirador que no cree en su muerte. La poesía de Piquero es una especie de cónclave de condenados que, en la condena, han alcanzado la clarividencia y golpean con ella inmisericordemente al lector, a la vez que le insinúan -y ése es quizá el efecto más perturbador de estos poemas- que  todas esas voces quizá son, en el fondo, una sola, y que la conciencia de atroz desengaño que expresan se corresponde con la experiencia de un hombre común que no se diferencia de los otros más que en el uso certero que hace de los recursos de la poesía.

Algunos de estos poemas me han hecho llorar. El despiadado personaje que sustenta la voz poética de Piquero se alegrará de saberlo. Su autor -creo- no tanto.


Mª  ANTONIA COLLADO LUENGO
Reseña exclusiva para La Ronda del Libro 

1 comentario:

  1. María Antonia. Como he dicho en Facebook, tu generosidad nubla tu espíritu crítico. O, para decirlo de otra manera, no me merezco las cosas que dices. Gracias por tu generosa lectura. Y añado que es una de las dos mejores reseñas (independientemente de los elogios) que he leído sobre mi libro, en lo que se refiere a sensibilidad lectora, estilo e inteligencia. Tú escribes. No es una escritura amateur. No es la reseña de una aficionada. ¿Acierto?

    ResponderEliminar

ESTE BLOG ASPIRA A SER UN LUGAR DE INTERCAMBIO DE IDEAS ENTRE INTERLOCUTORES QUE SE EXPRESAN EN IGUALDAD DE CONDICIONES. POR TANTO, NO SE PUBLICARÁN COMENTARIOS ANÓNIMOS.