25 septiembre, 2017

EN MENOS DE 500 PALABRAS: 'TIENES QUE IRTE' de JOSÉ LUIS PIQUERO

Tienes que irte.
José Luis Piquero.
Ediciones de la Isla de Siltolá,
Sevilla, 2017.
95 pp.

La mayoría de los críticos elogian la poesía de José Luis Piquero por lo que dice, o más bien por su perfecta caracterización de una voz disonante, entre cínica y desoladoramente veraz al referirse a las debilidades de sus semejantes, a sus apetencias íntimas y al inevitable choque de éstas con el principio de realidad. Encontramos ya esa voz en "Respuesta de Lázaro", el poema que abre este Tienes que irte, su último libro: "Se estaba tan bien aquí. Los gusanos no son muy exigentes. / Uno delega en ellos los detalles. / Por lo demás, me gusto. No es que huela muy bien / pero puedo estar solo. La gente es tan extraña". El relato bíblico de la resurrección de Lázaro queda trasmutado en una especie de cínica reafirmación de la condición mortal que pone en cuestión el sentido mismo de la vida y la sociabilidad humana y advierte de la inutilidad de los discursos de sentido contrario: "Yo soy perfecto" -le dice a su presunto resucitador-. "Busca / a otro incauto que aún se haga ilusiones". No será este crítico quien niegue la eficacia retórica de este argumentario, su lograda avenencia con un soterrado e inteligente sentido del humor, el logro dramático que representa poner en pie una voz tan bien caracterizada y reconocible. Sin embargo, me atreveré a afirmar que, si la poesía de José Luis Piquero mantiene su lozanía a lo largo de los años -su primer libro data de 1989- y se deja leer sin causar en el lector sensación de abuso o repetición de cierto repertorio, es porque está hecha de algo más. Su impecable factura, por ejemplo. determinada por un excelente sentido del ritmo -y quizá por ello podamos reprocharle que haya incluido en este libro un par de poemas que, en palabras del propio autor, "no siguen ninguna estructura métrica"-, combinado con su dominio del fraseo coloquial -"Y todos esos libros, / bueno, son divertidos / con tanto asesinato"- y, sobre todo -y aquí es donde su poesía alcanza sus mejores logros-, su tino para introducir, en los momentos álgidos de la lógica discursiva que rige estos monólogos dramáticos, certeras imágenes que elevan el poema a una cota superior, la del deslumbramiento visionario: "Terrazas soleadas, inútiles banquetes", inserta en el poema a Lázaro antes aludido, dejando un desengañado destello de felicidad terrenal en medio de un desolador discurso sobre la muerte. En eso se basa la huella indeleble que dejan poemas como el ya mencionado "Respuesta de Lázaro", "Él" -un verdadero poema religioso sui generis, más allá de su pretendida superficie de pedagogía del desengaño-, "El día libre del diablo" -una inteligente reversión de esa especie de apología de la antimoral que parecen sostener otras voces poemáticas en éste y otros libros de Piquero- o "El inmortal", donde también comparecen esos destellos de una edénica y borrosa felicidad entresoñada: "Esa música lenta la he escuchado en un sueño". Hay que leerlos en su integridad, por supuesto. Merecen mucho la pena.

JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA
Reseña exclusiva para La Ronda del Libro.

La serie "En menos de 500 palabras" pretende proporcionar al lector razones fundadas para leer con conocimiento de causa determinados libros escogidos de entre la producción editorial reciente. Se favorece la brevedad -esencial en el medio informático- frente a la prolijidad, aunque sin renunciar al rigor de la crítica fundamentada. Todo, en beneficio de la difusión que merecen tener los buenos libros.

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